Buscadores de Tesoros es un boletín editado para hombres y mujeres de negocios, ejecutivos, profesionales liberales, dirigentes políticos y sindicales, estudiantes universitarios, lideres cristianos, emprendedores independientes y autónomos que estan en la busqueda constante de su realización personal, anhelan fervientemente su bienestar físico y espiritual, sueñan con un mundo mejor y quieren impactar con fines constructivos la sociedad en que viven.
SUMARIO
| 1) MENSAJE DEL EDITOR: BIENAVENTURADOS LOS PACIFICADORES!!! |
ORACIÓN DE LA PAZ
Ni las ilimitadas reservas de recursos minerales bajo los suelos más ricos del planeta, ni el descubrimento de nuevos yacimientos de petroleo, ni la abundante materia prima de los paises altamente desarrollados, ni es tampoco la tecnología de punta y altisimo nivel de los paises orientales. Me atrevo a declarar que El patrimonio más preciado de la humanidad, el tesoro más buscado es la Paz entre los seres humanos, elemento vital para la subsistencia de las naciones del mundo.
| 2) GEMAS DE EXCELENCIA |
Gemas de excelencia son frases celebres, lemas motivadores, pequeños testimonios que te estimularán a desarrollar plenamente tus posibilidades, a encender en ti una pasión por la vida y a descubrir su sentido.
Bienaventurado los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
| 3) SUPERANDO OBSTÁCULOS |
¿Alguna vez te asaltan la preocupación, el temor, la confusión o el desánimo? Desde luego, a todos nos pasa alguna que otra vez. Pero no olvides que Dios siempre está presente para manifestarte Su amor, que puede volverlo todo más positivo.
La paz de Dios puede ser una realidad en nuestra vida en medio de la adversidad.
Hace algunos años, en la populosa Nueva York, un joven sentía la vida en plenitud, era feliz, tenía juventud, una esposa a quien adoraba y la dulce espera del fruto de su amor.
Pero una noche, mientras las enfermeras entraban y salían nerviosas de la sala de operaciones, su querida esposa murió, dejándole una pequeña niña. La vida de su hija había costado la vida de su compañera. El desesperado hombre, a solas con su tragedia, se dijo llorando: "esta noche las sombras del dolor borran de mi alma la imagen de Dios". Tiempo después, dejando a su retoño con sus padres, se embarcó para Corea. Su propósito era que el drama de la guerra, en toda su crudeza, silenciara el drama íntimo de su atormentado corazón. Cinco años quedó en Asia, de tanto en tanto recibía noticias de su pequeña.
Y un 22 de diciembre recibí un telegrama que le desmoronó: su hija había estado al borde de la muerte por un ataque de poliomielitis o parálisis infantil, la ciencia la había salvado pero sus piernitas habían quedado afectadas. De inmediato, el atribulado padre hizo sus maletas y tomó el primer avión hacia su patria.
¡Qué oscura aquella noche volando sobre el Pacífico, qué vacío en el alma de un hombre que debe enfrentar la miseria del dolor sin tener en su corazón la imagen de Dios! Por fin la nave aérea llegó a la ciudad donde había pasado las horas más felices de su vida. El frio era intenso, pero más helada estaba la esperanza en su experiencia vacía, Llegó nerviosamente a la puerta de la casa de sus padres, luego de un momento de vacilación llamó y su madre canosa lo recibió con un beso. Era veinticuatro de diciembre, víspera de Navidad, al entrar al living encontró dos cosas amadas: a la derecha, el árbol de Navidad, parecía una ironía, y a la izquierda su pequeña hija, aguardándole apoyada en sus muletas.
El padre la miró, era largo el discurso que había pensado para alentarla, pero frente a frente con el dolor no pudo decir nada. ¡Qué podría decir un hombre que ni siquiera tenía a Dios! Así que su hija le habló primero, diciéndole: "¿papá, por qué me miras así?, yo sé que si hoy no camino, tal vez camine mañana. Sabes papá, lo que más me duele de tener las piernas duras es que ya no puedo arrodillarme noche a noche junto a mi cama para pedir a Jesús que te cuide a ti en la guerra y a mamá en el cielo"... El hombre comenzó a llorar, eran lágrimas sublimes, era llanto de hombre. Y su hija mirándole con santa impertinencia le dijo: "papá no te da vergüenza ser tan grande y militar y llorar, y además hoy no quiero que llores, hoy es Navidad". .. Pero el padre le respondió: Hija, déjame llorar, porque estas lágrimas son la evidencia de que esta noche en medio del dolor he vuelto a ver en tu fe a Dios.
Y nos alejamos de la escena, ya no nos pertenece, y al pasar frente al cristal de la ventana vemos dos sombras, tienen la misma estatura pero una está de pie la otra, de rodillas: es una pequeña niña que ya no podrá arrodillarse jamás, pero que con la fuerza de su fe ha puesto de hinojos a su padre. Dos almas unidas en el espíritu de la Navidad , en el drama inexplicable del dolor, pero en la gloria de 'la fe en Dios.
Una historia conmovedora pero humana.- El triunfo de la fe sobre el dolor, la victoria de la paz de Dios sobre la adversidad, una experiencia sublime que puede ser tuya ahora y siempre si recibes a Cristo en tu corazón como Salvador, maestro y amigo. El dijo: "Mi paz os dejo, mi paz os doy, no como el mundo la da, yo os la doy", Déjale al Hijo de Dios el santuario de tu vida y sentirás lo inalterable de su paz inundar tu alma, dándote serenidad, fe y esperanza para enfrentar el drama humano del dolor.
| 4) LIDERAZGO EFICAZ: ERA UNA VEZ EN UNA CARPINTERIA…! |
Una de las mayores carencias de la humanidad es la falta de líderes bien entrenados para asumir puestos directivos en cualquier área de trabajo. Si deseamos construir un mundo mejor del que tenemos en la actualidad, el formar nuevos lideres deberá ser entonces la Prioridad N ° 1 del nuevo Milenio!! Lideres que tengan un compromiso con la excelencia y que serán capaces de aceptar el reto de ser los nuevos constructores de la Humanidad , arquitectos del nuevo mundo que soñamos.
Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias.
¡Hacía demasiado ruido! Y además se pasaba el tiempo golpeando. El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo, dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.
Ante el ataque el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.
Y la lija estuvo de acuerdo, a condición que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo.
Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo.
Finalmente la tosca madera inicial se convirtió en un lindo mueble.
Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación.
Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo: "Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades.
Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos.
La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto.
Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.
Cuando en una empresa el personal busca a menudo defectos en los demás, la situación se vuelve densa y negativa. En cambio, cuando tratamos con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, es ahí donde florecen los mejores logros humanos.
Es fácil encontrar defectos. Cualquier tonto puede hacerlo, pero encontrar cualidades, eso es para los sabios que son capaces de inspirar todos los éxitos humanos.
| 5) TIENES UN E-MAIL DE DIOS! |
Mucha gente se pasa la vida tan ocupada en tantos asuntos que se pierde de realizar lo más prioritario de la vida, que es escuchar su Voz Interior, el aprender a escuchar la voz de Dios.
“Estoy tan enamorado de ti que Mi vista no capta ninguno de tus fallos e imperfecciones. El amor me ciega y me hace ver más allá de tus faltas y equivocaciones. Es un Amor que solo ve lo bueno y las posibilidades que los demás no alcanzan a distinguir.
No te vigilo garrote en mano listo para atizarte al más mínimo error. No estoy a la espera de que tropieces y caigas para meterte otra vez en vereda de un estacazo. ¿Cómo iba a hacer eso? Yo también me he encontrado en tu lugar. Yo también adopté el manto de carne humana a fin de llegar a conocerte y a comprenderte cabalmente. Conozco las contrariedades que experimentas, cada uno de tus anhelos, la insuficiencia de la carne humana y hasta tus pecados ocultos. Me identifico con tu humanidad. Por ello he prometido que tendré misericordia de ti. Mis pensamientos para contigo son de paz, perdón, paciencia y compasión.
| 6) NO TEMAS! : JESUS EL PRINCIPE DE PAZ! |
¡El miedo es el mayor asesino en la actualidad! ¡Aunque no lo parezca, el miedo causa más enfermedades, trastornos mentales y muertes prematuras que ninguna otra cosa en este mundo! Jesús dijo que en los últimos tiempos «desfallecerían los hombres por el temor». (Lucas 21:26) Según los médicos, actualmente hay más fallos cardiacos que en toda la historia del mundo, porque hay más temor. La buena noticia es que se puede hacer frente a cualquier temor con la ayuda de Dios y de su Palabra ¡Por medio del poder de la oración, tienes poder sobre todos los temores que te asedian! Esperamos que estos testimonios, reflexiones y milagros actuales, te den la fe que necesitas para vencer el temor!
¡Pero esta pequeña familia está muy tranquila y no tiene ningún miedo, a pesar de que todo a alrededor ruge una terrible tormenta! ¡El viento brama y arranca de raíz árboles grandes que se desploman, caen rayos y se escuchan truenos! ¡Pero ellos no parecen estar nada preocupados! ¡Tienen completa paz y tranquilidad!
¿Sabes lo que hace una gallina con sus polluelos cuando ve que hay peligro? Los junta bajo sus alas para cubrirlos y protegerlos. Pues bien, la Biblia dice que el Señor hace lo mismo con Sus hijos. "Te cubrirá, y debajo de Sus alas puedes estar seguro. Ahí no necesitas tener miedo del terror nocturno, ni de mortandad durante el día, porque el Señor es tu esperanza y tu lugar de refugio" (Salmo 91).
Ya ves, no necesitas preocuparte. Si eres hijo del Señor, ¡él cuidará de ti! ¡Los hijos Suyos que no se apartan de él viven dentro de un círculo mágico de divina protección! ¡Es como un campo de fuerza especial en el que no puede entrar nada sin permiso del Señor! Claro que eso no quiere decir que el Señor nunca vaya a permitir que suframos daño, ni que nunca nos vaya a dejar pasar por pruebas, sino que nunca permitirá que suframos un daño insoportable, ni un perjuicio inaguantable, y ha prometido librarnos siempre de nuestros problemas. "¡Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará el Señor!" (Salmo 34:19.)
¡Él y Su Amor son así de maravillosos! él dará alegría a tu vida y una paz que, según la Biblia , "sobrepasa tu propio entendimiento; completa paz, ¡porque en él has confiado!" (Filipenses 4:7; Isaías 26:3.) Por muy oscuras, tormentosas o difíciles que sean las condiciones exteriores, ¡en tu corazón el sol puede brillar siempre, los pájaros trinar siempre, las flores estar siempre abiertas, y puede andar todo bien y ser todo dicha gracias a él!
| 7) LAS GARANTIAS DE DIOS: CAMBIA EL MUNDO! |
Esa mañana, mientras escuchaba la radio, oí una breve charla a cargo del director de programas religiosos de la emisora. Contó un relato muy interesante que no creo que vaya a olvidar jamás, ya que se aplica muy bien a la labor que realizamos diariamente sirviendo al Señor.
Era la historia de un joven de unos veinte años que recorrió a pie la Provenza , región del sur de Francia, allá por 1913. Iba con mochila y saco de dormir por zonas apartadas y poco pobladas. Las más de las veces tomaba senderos y caminos secundarios y pernoctaba en pequeños campings o albergues juveniles, o en casa de algún campesino hospitalario.
En aquel tiempo, esa comarca era una región netamente rural y estaba muy yerma y abandonada. Había quedado poco menos que devastada por la explotación forestal y agrícola desmedida.
Para que la tierra produzca en abundancia es necesario que haya árboles, ya que éstos retienen la humedad del suelo y lo resguardan del sol que lo reseca. Asimismo, lo asientan y reducen los efectos de la erosión. En regiones donde escasean los árboles, es frecuente que las lluvias arrastren el suelo ocasionando inundaciones. En esas circunstancias el terreno no tarda en volverse estéril, como sucedió durante la Gran Depresión de los años treinta en una región del sudoeste de los Estados Unidos que llegó a ser conocida por sus tormentas de polvo.
Los bosques de aquella región del sur de Francia habían quedado prácticamente asolados a causa de la explotación abusiva del suelo que, por carecer de árboles que lo asentaran, terminó empobrecido a consecuencia de las lluvias. Toda la zona se había tornado árida y estéril, y se cultivaba muy poco. Hasta la fauna había emigrado, ya que los animales necesitan de lugares resguardados donde construir sus moradas, es decir, maleza que les proporcione protección. Sin árboles no hay maleza. Los animales también necesitan alimento, pero sin follaje éste escaseaba. Más aún, precisan agua; sin embargo, cuando no hay muchos árboles y el suelo no retiene la humedad, quedan muy pocos arroyos donde abastecerse de agua.
Aquel joven efectuaba un recorrido a pie por aquella región, en la que ya no se cultivaba mucho. Los pueblos se hallaban en estado decadente y ruinoso. Las casas se veían deterioradas, y casi todos los aldeanos habían emigrado a la ciudad.
El muchacho pasó una noche en la humilde cabaña de un pastor que, a pesar de sus canas y de sus cincuenta y tantos años, se conservaba muy robusto y fornido. Si bien la cabaña era pequeña y el mobiliario muy modesto, estaba bien mantenida. El joven se acogió a la hospitalidad de aquel amable pastor. Pernoctó allí y terminó quedándose varios días.
Observó con curiosidad que cada noche su anfitrión pasaba varias horas a la luz de una lámpara clasificando diversos tipos de frutos secos, como bellotas, avellanas y castañas. Con gran concentración y paciencia los examinaba, los iba colocando en hileras, los comparaba y separaba los que a su juicio estaban en mal estado y no servían. Terminada su tarea, guardaba en su morral los que había seleccionado.
Por la mañana llevaba sus ovejas a pastar e iba sembrando por el camino. Tomaba su cayado y, sin perder de vista el rebaño, recorría un buen trecho en línea recta. Daba unos pasos e, hincando con firmeza en el suelo la punta de su cayado, hacía un hueco de varios centímetros de profundidad. Dejaba caer en él una semilla y lo cubría de tierra con los pies. Luego daba unos pasos más, volvía a clavar su vara en el suelo y dejaba caer otra semilla. A lo largo del día recorría varios kilómetros de aquella comarca apacentando sus ovejas. Cada jornada recorría una zona diferente —todas ellas prácticamente despobladas de árboles— y a su paso sembraba bellotas, avellanas, castañas y nueces.
El joven forastero observaba al pastor sin comprender qué se proponía. Finalmente le preguntó:
—¿Qué hace?
—Como verá, joven, siembro árboles —repuso el pastor.
El muchacho volvió a inquirir:
—Pero... ¿para qué? Esos árboles tardarán muchísimos años en crecer y serle de provecho. Puede que ni viva para verlos.
—Ya sé —respondió el pastor—, pero algún día le serán de provecho a alguien y contribuirán a devolver a la tierra su fertilidad. Quizá no lo vea yo, pero sí mis hijos.
El joven se maravilló de la previsión, el desinterés y la iniciativa que mostraba el pastor al preparar el terreno para otras personas sin tener la menor certeza de que llegaría a ver o cosechar el fruto de su labor. Las semillas que sembraba se convertirían con el tiempo en árboles que conservarían la tierra para las generaciones venideras.
Veinte años después, aquel excursionista —ya de cuarenta y tantos años— volvió a visitar la región. Quedó boquiabierto ante lo que vio: un extenso valle totalmente cubierto por un bellísimo bosque natural en el que prosperaban árboles de todas las variedades. Naturalmente, eran ejemplares jóvenes, pero árboles al fin y al cabo.
El valle entero había revivido. La hierba había recobrado su verdor. La fauna volvía a poblar la zona, la maleza había crecido, el suelo había recuperado la humedad y los agricultores labraban nuevamente la tierra. En contraste con la aridez y la desolación que había visto veinte años atrás, toda la comarca florecía.
El viajero sintió curiosidad por saber qué habría sido del anciano pastor, y se quedó sorprendido al enterarse de que aún vivía. El viejo pastor —ya de unos setenta y cinco años— seguía vivo y fuerte como un roble. Aún residía en su cabañita, y no había abandonado su costumbre vespertina de clasificar frutos secos. El visitante se enteró además de que poco tiempo antes había llegado de París una comisión de parlamentarios para ver lo que a su juicio era un bosque natural que había surgido por milagro. Unos agricultores les señalaron que había sido producto de la perseverancia de aquel solitario pastor. Gracias a ella, todo el valle y la comarca se habían cubierto de un manto de vegetación y de hermosos árboles jóvenes. Tan impresionados quedaron los parlamentarios que a su regreso a la capital votaron en la Asamblea Nacional para que se le otorgara al pastor una pensión vitalicia en señal de agradecimiento por haber reforestado toda aquella región sin ayuda de nadie.
El visitante manifestó su sorpresa por la transformación que se había producido: además de los magníficos árboles, había resurgido la agricultura, la fauna había retornado y la flora se veía exuberante. Las pequeñas granjas prosperaban, y la actividad había vuelto a las aldeas. Con renovadas esperanzas, los campesinos habían reconstruido y pintado sus cabañas. ¡Qué contraste con el cuadro de ruina y abandono que había visto veinte años antes!
Gracias a la previsión, la diligencia, la paciencia, la abnegación y la constancia de un solo hombre, que durante años, día tras día perseveró haciendo lo que estaba a su alcance, la prosperidad había vuelto a aquella región. El hombre que a los veinte años visitó por primera vez al pastor se enteró de que en aquel entonces éste ya llevaba varios años sembrando pacientemente las semillas que dos décadas después se convertirían en árboles de gran tamaño. Un solo hombre había repoblado de árboles la región, devolviéndole la vida y la belleza. A consecuencia de ello se reactivaron la economía y la agricultura, la fauna volvió a habitar la zona, se recuperó el suelo, nuevamente hubo agua en abundancia y las aldeas volvieron a poblarse.












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